El increíble potencial de un grano de maíz
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El increíble potencial de un grano de maíz

Por Jimmer Prieto • El Puente Staff

¿Qué diría usted si supiera que este año la humanidad estará sirviendo en su mesa los últimos granos de maíz original que quedaban en la tierra?

Por fortuna esto no sucederá gracias al creciente número de personas conscientes, en cada continente, que hacen lo posible por reproducir, cuidar y mantener este precioso alimento natural, a partir de pequeños grupos familiares y comunitarios.

Faith Hunsberger cultivó maíz Gaspé y Muskiguat Red en el huerto de su casa en Warsaw, Indiana.

En el área de Michiana hay varios de estos grupos y voy a referirme a uno que ha crecido justo en Goshen y ciudades vecinas. Se trata de Maíz y Raíz, sembrando en familia, un proyecto iniciado en 2018 por un puñado de personas entusiastas y apasionadas por el maíz nativo de América, que deciden unir fuerzas y compartir con otros, lo poco o mucho que saben.

Después de varios intentos de cultivar maíz de Norte, Centro y Suramérica, el grupo fue descubriendo el tejido complejo, la raíz común que existe entre los pueblos de América alrededor de este alimento.  La diversidad de métodos para sembrarlo, mantenerlo libre de pesticidas químicos y de cocerlo hasta llevarlo a la mesa, ha ido generando una red intrincada de costumbres que se conoce como la cultura del maíz, la identidad común de los pueblos que lo consumen en el mundo entero o como dijera hace años un amigo muy querido, la revolución silenciosa de la tortilla.

Thomas Meek, de Fort Wayne, Indiana, experimentó con la variedad oaxaqueña Zapalote Chico.
Trystan Nisley y su familia sembradora de Goshen, Indiana plantaron maíz paraguayo e italiano esta temporada

El precioso grano ha nutrido no solo el cuerpo sino el espíritu de incontables familias de América y una prueba de ello es la sola mención de palabras como tamales, pozole, mazamorra, humitas, pupusas, guirilas y arepas, cuyo sonido produce en la gente una inmediata sensación de calor de hogar. El sabor del maíz se ha extendido por el mundo en forma de atole, chicha, choclo y elote. Vocablos criollos como empanada, pundelo, tortilla, enchilada, tototospe, polenta, chilote y hallaca, desencadenan en quien los escucha recuerdos indescifrables, desfiles atávicos de imperios indígenas, de naciones colonizadas y de pueblos criollos, que han dado forma, olor y sabor a su comida, a lo largo de su historia. 

El grupo Maíz y Raíz se dio cuenta de la riqueza cultural latente en tantos pueblos inmigrantes y nativos representados en el área y decidió invitar familias al proyecto. Se trataba de sembrar en el jardín interior de sus casas, unos cuantos granos de maíz original de diferentes países y compartir la semilla obtenida—después de una cosecha sin ambiciones comerciales—con más familias interesadas. Los granos, libres de elementos genéticamente modificados, pudieron preservarse y sembrarse de nuevo.

Jon Zirkle y Adrienne Laws Landis sembraron Muskiguat Red en la parcela de su casa, mientras que Jon y otras familias participantes sembraron Walpole Island White en Bushelcraft Farm en Elkhart, Indiana.

Asistimos a una de sus reuniones al aire libre, a un lugar en el que se sembraron solo dos especies originales; Maíz Bofo, de Nayarit, México, en su tercer año de adaptación en Indiana y otra de Paraguay.

A la reunión asistieron varias familias llevando el producto de su pequeña siembra o “tequio”, término usado para designar el trabajo comunitario, como un trofeo. La variedad de especies era evidente, igual que interesante la conversación informal acerca de cómo cuidar, “tapizcar” y desgranar de manera adecuada, enriquecida por la experiencia directa de cada uno de ellos.   

Cosecha comunitaria y taller de selección de semillas. El facilitados fue John Sherck (centro), granjero experto y participante del proyecto. John Sherck es de Bristol, Indiana

El grupo es consciente del reto científico, cultural y social que enfrenta, empezando por las grandes extensiones de maíz transgénico que se siembran en el área pero están dispuestos a seguir con su sueño de preservar el grano original del planeta, al menos en su pequeña localidad.

José Chiquito de Dunlap, Indiana y originario de México, sembró una de las variedades mexicanas de maíz más antiguas, el Nan-Tel.

El maíz es el regalo de América para el resto del mundo. Aunque algunos estudios ubican su origen en la región Andina, en Sudamérica, otros llevan a concluir que la cuna del maíz es México y Guatemala, donde se han encontrado vestigios de semillas que datan de 8 mil años. Las especies nativas están desapareciendo rápidamente para dar lugar a especies genéticamente modificadas en los laboratorios. Grandes cosas pueden suceder si más familias se decidieran a transformar esa realidad, a partir de los escasos recursos que poseen y tomaran el riesgo de sembrar unos cuantos granos originales en la parte trasera de su casa para multiplicar, por cientos y millares, la respuesta de la tierra con el solo hecho de compartir con otros, los granos obtenidos.

Ofrenda de agradecimiento por los frutos cosechados. Como parte del proyecto se exploran nuestras conexiones históricas, espirituales y sociales con el maíz.

Si usted desea más información sobre el proyecto Maíz y Raíz, sembrando en Familia, puede encontrarla en las siguientes redes:

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